domingo, 21 de mayo de 2017

DE LA PANTALLA V 21 17

Maestría
(Jorge Arturo Díaz Reyes)

Cayó el quinto en los medios. Fue un estocadón frentero, leal, en la cruz, exangüe y sin agonía. Como se deben matar los toros. “Traslúcido” no fue bravo. Se había salido del primer puyazo trasero de Prieto y condescendió en el breve segundo.

Era cuatreño, colorado, vareado el de Las Ramblas y no se entregó nunca del todo. Prefirió la media altura y la poca codicia. Pero fue noble y aceptó una y otra vez los desafíos con fijeza, repitiendo. Sus puntas finas y simétricas cabían en la muleta y su calado y sus 525 kilos no ponían su trapío, como el de tantos toros en esta feria, por encima del promedio histórico de la plaza. Quizá todo eso por sí mismo no le daba tampoco para dejar huella en el ruedo más valorado del mundo. Pero la dejó.

Porque a la larga, lo que puede salvar del olvido a toros como este no es su intrínseca entidad sino el toreo que la bendice. Y esa fue su suerte. Dar con un hombre decidido que, tras veinte años de alternativa, en la madurez de su oficio alcanzó la maestría. Lo diagnosticó, interpretó y modeló a cabalidad. Abrillantando sus virtudes, atenuando sus defectos y presentándoselo el público de este domingo en su mejor versión posible.

Torero de tres tercios, como los antiguos. Un par al sesgo, preciso. El segundo a relance de un quiebro en los medios del que luego cayó un palo y un cierre, otra vez al quiebro, estrecho, pero ahora por los adentros que arrancó la ovación.

Muleta en mano, andando como Pedro por su casa, le condujo desde las tablas hasta el centro y allí dándole y exigiéndole lo justo. Gobernando todas las variables. Con serenidad y natural empaque. Con aguante sin alarde. Sin posturas ni imposturas, construyó una faena cuya estética estaba dada solo por su veracidad y eficacia.

Desde hace varios años Antonio Ferrera reclama reconocimiento como clásico lidiador. Como el que para fortuna de esta época conserva vivos los modos y valores del toreo romántico. Un sitio que a mi manera de ver había dejado vacante Luis Francisco Esplá.

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