domingo, 21 de mayo de 2017

MADRID - 11ª SAN ISIDRO

Una exposicion
(Siguiendo a Barquerito)

Domingo 21 de mayo. Carmenchu Moya murió en enero. La pintura tiene algo de inmortal. Ferrera exquisito y maestro. Desiguales los de Las Ramblas

Enviado por Ignacio Álvarez Vara: “El pasado enero murió en Madrid Carmenchu Moya y ayer, en Segovia, en La Casa del Siglo XV, se inauguró una exposición de una veintena de sus cuadros. Todos los tenía guardados en su casa de Madrid. No solo esos veintitantos, sino muchísimos más. No me atrevo a decir que cientos. Pero es que se pasó la vida pintando. La vida entera. Mientras estudió en San Fernando sus cinco años de Bellas Artes -la escuela estaba radicada entonces en la Academia, y en un lugar que a mí me parecía algo sombrío para estudiar pintura- hasta que la Parca vino a buscarla. Iba cumplir 73 años.

No era famosa, aunque sus retratos de encargo, siempre teñidos de un aura original, le dieron lo suficiente para poder renunciar a la bohemia. Fue, también, una brillante profesora de dibujo y pintura en un colegio de Madrid. La propia Carmenchu dejó escrito antes de morir un pequeño autorretrato que, leído ahora, es conmovedor. Por lo sencillo. Los pintores que saben pintar, si se lo proponen, saber también poner en palabras la vida.

La necesidad de pintar puede ser irrenunciable. Es una verdad de perogrullo -el pintor con el lápiz en la mano hasta durmiendo o soñando- pero parece un descubrimiento cada vez que se nos viene a los ojos una obra. Disfruté casi a solas con la exposición -su hija atendía a unos amigos a las seis de la tarde- y todavía me dura la emoción. Paisajes, horizontes, cosas pequeñas, soledades de invierno, primaveras de prados, cielos enormes, de moche o de día, una reflexión repetida sobre la soledad panteísta.

Luces distintas probablemente en función del temperamento de cada día. Un retrato de su hija a los diez años vestida de uniforme marinero. Otra de todos sus amigos pintores reunidos en la tertulia del Café Gijón, sin el aire sombrío de la tertulia del Pombo que tan célebre hizo Gutiérrez Solana, sino con un candor iluminado y romántico que refleja el profundo sentido que Carmenchu tenía de la amistad. De su pasión por la vida es testimonio esa pequeña colección entera. Dos horas después de la inauguración, La Casa se llenó de amigos. Entre ellos, unos cuantos de los pintores del retrato del Gijón. Con veinticinco años más que en la fecha del retrato. A la hora de comer, su familia y los intimos fueron a esparcir las cenizas por un rincón escondido de las faldas de Guadarrama, cerca de El Carrascal, donde ella pasó mucho tiempo. Pintando. Los cielos del camino de Valsaín estaban ayer a la hora del ocaso como algunos de los cuadros alegres de Carmenchu. A eso se llama vivir dentro de un cuadro. La pintura tiene algo de inmortal.”    

Reseña: Domingo 21 de mayo, 11ª de feria. Ma´s de tres cuartos. Seis toros de Las Ramblas, los tres primeros cinqueños, 525 kilos promedio, desiguales en todo.   
Juan José Padilla, silenciado con el sin fondo 1º, saludó con el rajado 4º.
Antonio Ferrera, silenciado con el a menos 2º y oreja, con petición de otra y bronca al palco tras gran faena con el 5º.

Manuel Escribano, Silencio con el parado 3º y tras bajonazo metisaca al 6º.

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