martes, 23 de mayo de 2017

MADRID - 13ª SAN ISIDRO

El cierre de La Toscana
(Siguiendo a Barquerito)

Martes 23 de mayo. Las viejas tertulias de Curro Fetén. El apego al tomate. Un descalabro de corrida. Fortes deja huella de valiente y Leal se juega todo con el más difícil.  

Enviado por Ignacio Álvarez Vara: “De vuelta de curarme males en la Carrera de San Jerónimo -un Centro de Salud entre las Cuatro Calles y el Congreso-, y de paseo por Ventura de la Vega hasta la calle del Prado, vi que estaban vaciando en sacos el interior de la Toscana, un garito de dueño leonés -el bueno de Boni, que murió hace ya tiempo- que tuvo el ingenio de darle el adjetivo de toscana a una ensalada de tomate, cebolla y atún muy aceitada, ración ingente. Hace treinta años no estaba de moda en Madrid mezclar el tomate con el atún o el bonito. Y en su busca ese viaje a la Toscana. Lo hice muchas veces. En la Toscana taurina mandaba el señor Curro Fetén, inolvidable amigo del alma. Las tertulias fijas de Curro y sus íntimos -Pepe Puente, El Rubio de Quismondo, Federico Canalejas...- fueron tres: la del Dorín en la calle del Príncipe, la de La Trucha en el callejón de Fernández y González y la de la Toscana, en la esquina de Ventura de la Vega y  Fernández y González, escritor de folletines bastante menos ligero que la ensalada del Boni. Este cierre definitivo de la Toscana me ha parecido el final ya sin retorno de una época. Para mi el mundo taurino de la plaza de Santa Ana tenía por centro a Curro Fetén, su ingenio, su memoria y su incomparable sentido de la amistad. El ingenio era, entre otras cosas, un sentido del humor descacharrante.

El reclamo de Curro llevó a la Toscana a mucha gente del toro y el propio Boni, de la Montaña leonesa, como don Baltasar Ibán, pero nada torero, se acabó interesando, y yendo a corridas de San Isidro. Cuando el negocio se embaló, Boni abrió enfrente una Toscana II -o segunda- con comedor reservado de cuatro o cinco mesas. El torero de la casa era Paco Ruiz Miguel, que siempre paraba en el Hotel Victoria y no podía ni probar bocado antes de torear. No importaba. Boni lo agasajaba igual. Como El Rubio era picador de la cuadrilla, la amistad se hizo íntima. Y la admiración. Para decorar la pared maestra de la Toscana II Boni encargó una foto gigantesca de mural. Ruiz Miguel y su cuadrilla: Martín Toro, El Rubio de Quismondo, El Formidable, Juanito Sánchez, Juan de Triana y Garbancito. Y, naturalmente, Pepe Luis Segura, apoderado de Paco. Una foto espléndida. Todos, sonrientes en un patio de caballos. Y, luego, una de Miura. Quebró la Toscana II no por nada, sino porque nadie quería irse de la vieja. El apego al tomate.”
  
Reseña: Martes 23 de mayo, 13ª de feria. Tres cuartos de plaza. Ocho toros, cuatro de Valdefresno, dos de Fraile Masas, 4º bis (el 1º devuelto corrió turno) de Adelayda Rodríguez, 4º tris de Carriquiri, bien presentados, desiguales mansos y flojos.   
Daniel Luque, silencio y silencio tras aviso.
Fortes, silencio tras aviso y silencio.

Juan Leal, Saludo tras aviso y silencio.

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