viernes, 26 de mayo de 2017

MADRID - 16ª SAN ISIDRO

Rebanar el ruedo
(Siguiendo a Barquerito)

Viernes 26 de mayo. Los pies son tan importantes como las manos. Ángel Caamaño, alias El Barquero murió en 1927. Salió un toro de bandera. La primera vuelta de arrastre en la feria.

Enviado por Ignacio Álvarez Vara: “Todos los remedios imaginables para curar la dolencia que sea de los pies se encuentran en una de las tiendas más singulares de Madrid. Se llama El Pie. En algunos de los reclamos aparece acentuada la e. Es la esquina de (la calle de) Cervantes y la del León. Son cuatro o cinco los escaparates pintados de amarillo entre chillón y dorado. No pasa desapercibida la tienda. Abigarradas vitrinas llenas de cosas, desde cepillos y cremas de calzado a una exposición de plantillas digna de un museo de anatomía alemán, chanclas, pantuflas, zapatos de ortopedia, cordones de todos los colores. Un bazar. Los alemanes fueron los primeros del mundo en entender la importancia de los pies tal vez porque fueron ellos quienes primero pensaron no con ellos, pero sí en ellos. Hay láminas de anatomía donde se detalla la estructura de los pies con tanta riqueza que, al dejar la esquina, se siente la necesidad de visitar a un podólogo. O a un psicólogo.

Los pies son tan importantes como las manos. Una curiosidad. El Pie ocupa la planta baja de la casa donde vivió sus últimos años y donde murió Cervantes. Hay una placa de la Real Academia Española que lo recuerda. En el número 4 de la calle vivió y murió don Ángel Caamaño, alias El Barquero, un reputado revistero taurino que fue hasta su muerte, en 1927, titular de la crítica taurina en el Heraldo de Madrid, el diario más moderno y liberal de su tiempo. El Barquero fue cajista de imprenta y escritor de sainetes bastante divertidos. De cuando en cuando salpicaba las reseñas de toros con versos bufos bastante graciosos. Se sabía de memoria unos cuantos de esos chascarrillos el difunto Eduardo González Velayos, gran aficionado, arquitecto que murió prematuramente sin poder cumplir su sueño de recortar en tres metros el diámetro de las Ventas y rebanarle otros tantos al nivel del suelo, Para acabar con el viento.

En la calle de Cervantes está la Casa de Lope de Vega, que no deja de ser una reconstrucción idealizada. Y en la calle de Lope de Vega está el convento de las Trinitarias donde fue enterrado Cervantes en una especie de osario común. Uno de los escaparates de El Pie rinde homenaje a Cervantes con una pequeña talla de Don Quijote y un cuadro copia de un caballero de El Greco pero que puede interpretarse como una imagen de Cervantes muy distinta a la del cuadro canónico de Jáuregui. El caballero, pluma en mano y delante de papel pergamino, parece listo para escribir. Pero tiene las dos manos. Ergo...

En Lope de Vega puso una maravillosa tienda de bolsos de señora y de señor también una artista navarra muy distinguida. La confitería del León Dorado -célebres sus pastas de mermelada- es ahora una taberna medio irlandesa. Un poco más adelante, en el 26 de la calle del León han puesto unos jóvenes gallegos una panadería con horno propio donde compro toda clase de panes y empanadas. El Moega. Una calidad superlativa. Enfrente del Moega está la casa natal de Jacinto Benavente. Y ya.”
  
Reseña: Viernes 26 de mayo, 16ª de feria. Casi lleno. Cinco toros de Jandilla, el 3º de Vegahermosa, 544 kilos promedio, bien presentados y encastados, al 2º “Hebrea” se le dio vuelta al ruedo. El 5º devuelto. El 5ºbis de Salvador Domecq, bien presentado y áspero.    
Francisco Rivera Ordóñez, silencio y silencio.
Sebastián Castella, oreja tras aviso y saludo tras dos avisos.
Alberto López simón, silencio y palmas  tras aviso.

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