jueves, 1 de junio de 2017

DE LA PANTALLA VI 1º 17

Tronío añejo
(Jorge Arturo Díaz Reyes)

Cartel de postín. Hierro inaugural de la plaza, dos figuras de dinastía, confirmación de una esperanza peruana, sol y desde luego lleno hasta las banderas; con Rey, infanta y presidenta dentro. Pero la poca fiereza, fuerza y fondo de los toros lo abortaron una y otra vez. Además, el baile matinal de corrales afiló las garras del purismo que se vino pito en ristre a por la corrida.

Sin embargo, a largos trechos de la tarde se insinuó el triunfo. El fondo de nobleza y son, caracteres dominantes del genotipo juanpedro permitió instantes conmovedores para quien fuera capaz de conmoverse. La suavidad, lentitud y ligazón pintaron por momentos en las cinco primeras faenas. Los que valoran detalles habrán atesorado imágenes de gran belleza. Los que las miden por número de orejas tienen todo el derecho a clamar su decepción.

Bajo el sol de Madrid el toreo de Cayetano lanzó destellos de oro viejo y reminiscencias de su augusto abuelo. Las nueve verónicas de saludo al tercero, rimadas, bajas, mecidas, cargando la suerte, ganado terreno y rematadas en los medios con larga y brionesa, si no fueron todo un poema fueron al menos un lindo verso.

Antes había recitado un anticipo exquisito en el quite al primer toro de Manzanares; dos villaltinas, una larga cambiada de pie y otra natural engarzadas una con otra, luminosas. Con el quinto añadió seis y medio lances de la misma prosapia ordoñista. Y aquello cinco lentos derechazos de seda, en redondo, con todo el ser desmadejado y la muleta acariciando hasta levitar en el largo pase de pecho.

Y el estocadón frentero al tercero, situado, fulminante ¡Uf! Cierto, precedido de un pinchazo, pero monumental él solo. 

Otras perlas dejó el madrileño, que volvía tras media docena de años con un aroma de toreo fino que ya es tan escaso, caro y selecto. Sus banderilleros Iván García y Alberto Zayas, no quisieron desafinar y saludaron tras ovacionado tercio. 

Manzanares, dosificó su estética y mató con la eficacia de siempre. Joaquín Galdós, confirmó con decoro en faena completa y rematada con una de las estocadas de la feria que fue castigada con un aviso póstumo por don Javier Cano Seijo, mismo que negó la oreja hace diez días al novillero Colombo. El asunto fueron otra vez los toros y quien los escogió, claro. 

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