sábado, 17 de junio de 2017

DE LA PANTALLA VI 17 17

Cultura y dolor
(Corrida de la cultura)


Iván Fandiño (primer plano) en Cañaveralejo. Foto: Camilo Díaz. www.cronicatoro.com
Terminaba la corrida de la Cultura en Las Ventas, iniciaba estás líneas y la noticia cayó a plomo. Un toro acababa de matar a Iván Fandiño en Francia. Todo pasó a segundo plano. “Sinvaina”, ese salinero memorable que se fue con las orejas y sin vuelta al ruedo. Las tres verónicas de Morante, el ancestral toreo de Cayetano, el afortunado y fresco aire de Marín, la diversa corrida... La plaza pletórica...

Y la incredulidad, y el pesar y el recuerdo del gallardo vasco cubrieron todo. Su amor propio, Su hombría. Su actitud sin tregua, su capote, su muleta, su espada. Su dura lucha. Sus rivalidades. Su no esquivarlas. Sus triunfos. Su reconocimiento, cuando comenzamos a llamarlo torero de Madrid. Sus corridas en Colombia donde sembró tanto respeto y afecto. Sus cornadas, sus fracasos y revanchas. Su jugarse sin trampa... Cuentan que minutos antes de morir, cortó a ley una oreja. Murió como vivió; torero. No le olvidaremos. No podemos.

Antes, la corrida de Núñez del Cuvillo, cuatreña, variopinta, de individual belleza pese a la dispar romana, dio juego distinto. Un colorado, un burraco, un castaño salinero, dos listones y un zaíno.

El primero de 617 kilos, fue bendecido con tres exquisitas verónicas morantinas, entre otros lances de menor cuantía. Lo más estético y puro de la tarde. Luego, duramente barrenado por Aurelio Cruz, resistió épicamente los veinte muletazos. Ocho derechas, un cambio de mano y uno de pecho. Cinco más por ahí, cuatro naturales de los que se defendió, y un espadazo delantero. Para colmo le pitaron por soso.

Con el desapacible cuarto, el Maestro de la Puebla impartió una lección sobre cómo espantar moscas. En medio del comprensible disgusto asestó dos pinchazos y una estocada trasera. Todo a paso de banderillas. Bronca de figura.

Cayetano con sus dos toros, el bravo segundo y el noble, pero muy exigido quinto, se portó como el heredero legítimo de una prosapia torera en vía de extinción. Rico capote, muleta capaz y el alegre valor paterno. Al tiempo con la estocada le tocan al aviso y saluda.

Rodilla en tierra, cinco verónicas y revolera. Replica lujosamente un desigual quite de Marín con larga de pie, afarolada con tres gaoneras, media y un molinete. Jaleo. Iván García y Alberto Zaya no dejan caer el bullicio con tres pares ovacionados. De rodillas en tablas cinco derechas en redondo tomadas a todo tren, el pase de pecho. De allí en adelante la embestida perdió ímpetu y claridad. La faena fue terca en duración y la espada tendida mereció clarín y un descabello preciso. El conjunto de la obra una ovación.

Ginés Marín acogido con afecto evidente, casi parcialidad, se llevó además el toro de la corrida. El bravo, acompasado y franco tercero ”Sinvaina”,  595 kilos, que de comienzo le arrebata el capote y le hace tomar el olivo. Aplausos. Nada de nervios. Con seis compuestas derechas escoge terreno y de largo dos tandas casi circulares, de a cinco, con sus broches ponen la plaza en efervescencia. Prontitud, galope, humillación, fijeza y el avión. Temple, ligazón y planta firme hacen los honores a la desbordante clase de las acometidas. Una corta serie de naturales con molinete y pecho. Capeína, más diestra, cambio de mano, natural, trinchera y ayudado. Cuatro más para la igualada. Los pinchazos múltiples dejan todo en ovaciones para toro y torero, que este convierte en vuelta para sí.

El sexto, que prometió, se rajó pronto y la porfía fue sosa, la estocada trasera, el descabello repetido y el saludo generoso. De salida, hubo palmas para todos, aunque menos para Morante. Nadie sabía de la terrible noticia que momentos después llegaría desde Aire Sur l´Adour.

FICHA DE LA CORRIDA
Sábado 17 de junio. Madrid, plaza de Las Ventas. Corrida de La Cultura. Lleno. 6 toros de Núñez del Cuvillo, bien presentados y de juego diverso (571 Kilos promedio).
Morante de la Puebla, silencio y bronca.
Cayetano, saludo tras aviso y saludo tras aviso.
Ginés Marín, vuelta y saludo.

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