miércoles, 7 de junio de 2017

DE LA PANTALLA VI 7 17

Corridón de toros
(Jorge Arturo Díaz Reyes)

Santacoloma vive. Rehuelga, su nueva versión, pese a que le descompletaron la corrida, debutó en Las Ventas con cinqueños; un torazo de vuelta al ruedo, dos más ovacionados y dos aplaudidos, que desbordaron a la veterana terna, rindieron la plaza, hicieron saludar a su mayoral y llorar el ganadero.

El único que desentonó por manso fue el remiendo cuatreño de San Martín, con que la exigencia de los veterinarios obligó a parchar la mejor corrida de la feria. Menos uno  negro, todos cárdenos, caribellos, astifinos, prontos codiciosos, atacando con la emoción de su raza, yendo de largo a los caballos, encelados, y cuando se los permitieron, como al quinto, tomando a ley la tercera vara. Persiguiendo los banderilleros, echando el morro a tierra en las embestidas, pasando y volviendo tras el trapo que se les negaba una y otra vez. Intimidaron y ni los torearon, ni los mataron como merecían. Ellos mismos escribieron su historia.

Parar es la base del toreo, lo dictó Pepe Hillo en su Tauromaquia de 1796. Si no se para no se manda ni se liga y eso fue lo que no se hizo en toda la tarde. El injusto unipase imperó. Toco y me quito. Imperdonable. Los que pagan y entienden lo resintieron y lo protestaron. Los otros no.

Guanaguato, el segundo, de 527 kilos, se agarró en larga y dura puya de Fancisco Sánchez y volvió. Galopó de lejos a la muleta de Alberto Aguilar que lo pasó siempre distante, hacia fuera, negándole la repetición y le mató de pinchazo y estocada desprendida.

Perlasnegras, solo pesó 520 kilos, pero fue aplaudido de salida. No se necesita ser gigante para gustar en Madrid. Solo ser serio. Desde los medios, dos veces raudo al peto de Israel de Pedro, iba la tercera cuando le cambiaron el tercio ¿Por qué? Saludaron Jiménez y Contreras tras pares poco asomados. El resto fue embestir y embestir humillado sin la respuesta debida por parte de Perez Mota. Dos pinchazos, una estocada, y la ovación al arrastre.

Callejero, marcó 608 kilos, era lucero, lindo. Tratado con inmenso respeto, cautela e inquietud por Fernando Robleño quien luego le acusó de “peligro sordo”  El público por su parte, tras estocada caída, siete golpes de cruceta y un aviso, aplaudió al espada y ovacionó el arrastre.

Liebre cargaba 647 kilos, armado, badanudo. Trapío para Madrid. Prolongó la ovacionado de salida por todo el tercio de varas tomando tres a ley. Corrió los banderilleros hasta las tablas, desarmo a Aguilar en su tercer intento de pase, le punteó la pierna derecha cuando no le mando y tomó el poder, embistiendo franco y abajo. Bravo, imponente y noble, como para levantar una leyenda con él. Pero no, toreo de pies, fuera de cacho y vaciado fuera. Gritos de ¡Toro! Espadazo desprendido y vuelta al arrastre, lenta, con mulilleros destocados y sin un solo voto en contra.

Cerró Coquinero, el negro. 577 kilos. Bien al doble castigo de Francisco Vallejo, y en el segundo tercio, y en el de muerte. Noble y generoso, quizás el más. Imponiéndose –Toreo muy poco— se disculpó el gaditano tras matarlo de un metisaca bajo y una estocada; mientras ovacionaban el toro y al mayoral, y al ganadero, Rafael Buendía, entrevistado por la televisión, el llanto le quebraba la voz. 

1 comentario:

  1. Que corridón, como pocos. hacía mucho no me sentía tan contento después de una corrida, saber que todavía quedan bravos de verdad, que interrumpieron ese monologo interminable de toritos "artistas"

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