miércoles, 7 de junio de 2017

MADRID - 28ª SAN ISIDRO

El viejo Madrid
(Siguiendo a Barquerito)

Miércoles 7 de junio. Dentro de diez años el lenguaje taurino será como el chino.  Cuatro toros notables, dos de ellos de cuajo descomunal, vuelta al ruedo para el quinto. Justificaron la semana torista de San Isidro

Enviado por Ignacio Álvarez Vara: “Se llama cavas no solo al champán de las viñas del Anoia sino también a los fosos de lo que fueron murallas de villas medievales, moras o cristianas. En Madrid hay dos: la Cava Alta y la Cava Baja, que confluyen en un punto de partida y luego se separan. Si fueran paralelas, se trataría de dos murallas. La Alta sería una vía de escape. Este barrio donde vivo y vine a vivir hace cuarenta y tantos años era conocido como el Madrid de las Cavas, o el Viejo Madrid y también como el Madrid de los Austrias. Ahora se llama, muy impropiamente, La Latina. Por el teatro, que adoptó el nombre del antiguo Hospital y de la señora Beatriz Galindo, dama de cámara e instructora de la Reina Isabel de España, la Católica.

El mercado, gran razón del barrio cuando era todavia un zoco, se llama de la Cebada. O sea que había, al margen justo de las cavas, y extramuros, un Madrid agrario o agropecuario. Lleno de plumas de pollo. Yo llegué a conocer el Mercado de la Cebada original, el de estructuras Eiffel al modo de los Halles franceses. Cuando vine al barrio ya estaba el nuevo que ahora es y está viejo. En la Cava Baja paraban los coches de punto, había dos fondas que ahora han sido reedificadas como hoteles de unas cuantas estrellas, había un mesón infinito -donde el célebre Lucio dio sus primeros pasos- que es ahora Casa Lucio, y antes el Mesón del Segoviano -donde la primera vez que se me subió a la cabeza el vino, no la última, 1964- y había, en fin, como estrellas de la calle dos tiendas de semillas, que también llegué a conocer, siempre llenas de paisanos, porque en la Cava confluyen dos calles elementales de la ciudad y la provincia: las de Toledo y Segovia.

Las mejores huertas de la provincia, sin contar la vega del Tajo, son las del Alberche, y a los pueblos del sudoeste se llega por la calle de Segovia. Etcétera. Habia muchos comercios más, y tiendas de artesanos o intendencia (boteros, esparteros, carboneros, cuchilleros, zapateros,abaceros, una frutería que sobrevive, una mercería, una cedacería, una cacharrería, un tinte, dos lecherías, la mantequería de Pedro Roiz con su escaparate lleno de garbanzos a granel, una fontanería famosa capaz de suministrar de todo, y dos farmacias. Y había gente de los pueblos.En la Cava Alta estaba una tahona fuera de serie -lloré sobre la barra de mármol cuando cerró el negocio y dejó de oler a pan el barrio- y una casa de hospedaje y fonda, la Viuda de Vacas, que regentaba Agustín de Francisco, segoviano de gran sabiduría. En la Viuda paraban maletilas y aspirantes. Las Cavas no eran taurinas.

Anoche, en un local donde me gusta parar después de toros, estaban enzarzados en una conversación sabrosa un vecino antiguo, de mi edad, y otro, camarero cincuentón, que lleva años sirviendo en el barrio pero sin vivir en él. El de mi edad se lamentaba de que todo el lenguaje del campo se ha ido perdiendo. Tanto que la gente de cuarenta años no conoce el significado de muchas palabras. Ni distingue entre las olivas, que en el barrio de curaban en tiempos, y olía a tomillo. Y pensé que dentro de diez años el lenguaje taurino será como el chino. Difícil de entender.”

Reseña: Miércoles 7 de junio.  28ª de feria. Mediaplaza. Cinco toros cinqueños de Rehuelga, 571 kilos promedio, distintos pero muy bien presentados, bravos y nobles, Vuelta al 5º Liebre”, cárdeno, Nº 20 de 647 kilos., ovacionados el 3 y el 6º, aplaudidos los otros. 1º de San Martín, manso.   Fernando Robleño, silencio y silencio tras un aviso. Alberto Aguilar, silencio y ovación. Pérez Mota, leves pitos y división.

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