jueves, 8 de junio de 2017

MADRID - 29ª SAN ISIDRO

Penúltima reflexión
(Siguiendo a Barquerito)

Jueves 8 de junio. frente al muro donde cuelga el relieve de bronce de El Encierro de Sanguino, estaban dos coreanas y un coreano vestidos a la moda de Seúl. Seguridad, sereno arrojo del de Ciudad Rodrigo.

Enviado por Ignacio Álvarez Vara: “La penútlima reflexión sobre las culturas del Lejano Oriente. A las 6 menos cinco de la tarde, frente al muro donde cuelga el relieve de bronce de El Encierro de Sanguino, estaban dos coreanas y un coreano vestidos a la moda de Seúl -tan chillona- y con sus mochilas cargadas de quién sabe cuántas cosas. Me parecieron nuevos en esta plaza. Por la manera en que miraban todo sin parecer ni pretender entenderlo. No pararon de fotografiarse entre ellos. Hasta que llegó el momento de la verdad. Una de las dos mujeres decidió dar el salto y se colgó de las astas doradas del toro que sigue humillado al buey de guía. Qué emoción, guau, yiii...! Y se hizo la foto como si se columpiara. Y luego la otra coreana. Y, al cabo, el varón. No dandy,  unos treinta años, entrado en carnes. Tomó los cuernos como si fueran anillas de la gimnasia sueca. No se atrevió con el salto mortal. Y luego entrarían a los toros. Ya no los vi. ¿Y si vuelven mañana...?

Camino de los toros, en el vagón de cabeza de la línea 5, Casa de Campo-Canillejas -dos planetas tan distintos-, una pareja de jóvenes japoneses -ella, vestida de blanco, representación de la elegancia en el Japon, y él, de verano, con unas gafas de pasta azul cobalto- se levantaron para cederme el asiento en cuanto me vieron entrar cargado con los bártulos de cada día. Traté de renunciar a la invitación. Pero ellos, sin más gesto que una cortés reverencia, se quedaron firmes.No se movieron hasta que no me senté. Los estuve observando hasta Rubén Darío. Metro Rubén Darío. Hablaban en voz baja, no se agarraron a la barra ni se apoyaron contra la puerta que no abre. En pie y a pulso. Yo los bendije en silencio. Si supiera, les habría hecho una reverencia. O regalado una lata de atún de Ondarroa, pero no suelo llevar conservas de aceite en el estuche de ordenador.

(No sé por qué, anoche, en el recuento de comercios de la vieja Cava de los años 70, me dejé en el tintero cuatro lugares mayores de los que fui asiduo. La Bodega de Palacios, en el número 10, donde se despachaban tapas siempre suculentas, caseras, o de queso curado de oveja. La Churrería del señor Ángel, que abría a las seis de la mañana yen mi época de vampiro nocturno visité a menudo ya de recogida. Era una maravillosa churrería. Alicatada de amarillo de Talavera liso pero con cenefas bicolores de azules y verdes con escenas de caza o frondas. La salida de humos, como un alto horno de titanio, era inmensa. La boca de un planetario. De aluminio impecablemente pulido. Y aquellos churritos rizados, las roscas de porras, los buñuelos, y los juncos verdes que la mujer de Ángel iba cosiendo pieza a pieza con diestra velocidad, sin mirarse los dedos. Tan crujientes las roscas de porras que al irse cortando con una tijera de forja se oía el rasgado de la masa como música celeste. Y otros do lugares más: la droguería de La Antoñita, semiesquina con Almendro, que olia a escamas de jabón y lejia. Y el restaurante Chotis, donde los dos murales de Eduardo Vicente, escenas de un Madrid pobre y romantico. Y la frasca y el chato de vino, A beber en copa de Burdeos hemos aprendido en el barrio hace bien poco)

Vi en los toros que Philippe Q'jaube, el padre de Karina, la segunda mujer de Antonio Chenel, y abuelo materno de Marco Antonio Chenel, Había sufrido un desvanecimiento. Sería por el calor. 32 grados al entrar en la plaza. Salió del tendido por su pie pero pálido, muy pálido. Serio, sin esa sonrisa oriental tan amable y tan suya. He preguntado si se sabía algo de él en Prensa de la plaza. Nada. O sea, que estará en su casa descansando. Lo conocí cuando era torilero de la plaza de toros de Bayona. Él, digo. No yo”
  
Reseña: Jueves 8 de junio.  29ª de feria. Tres cuartos de plaza. Cinco toros de Alcurrucén y 1º de El Cortijillo (Hermanos Lozano). 543 Kilos promedio. Parejos bien presentados y de juego diverso.

El Cid, silencio y saludo. Joselito Adame, silencio tras aviso en los dos. Juan del Álamo, oreja con petición y oreja. Salió a hombros.

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