lunes, 10 de julio de 2017

6ª SAN FERMÍN

La joya rota
(Siguiendo a Barquerito)

Lunes 10 de julio. La banda de Aranguren en la plaza de la Cruz. El bello primero se despitonó. Los dos mejores, tercero y quinto. El Fandi voló por encima de todos los nidos. Momentos de Escribano. Padilla desdibujado.

Enviado por Ignacio Álvarez Vara: “La plaza de San Francisco, cuadrangular, es, sin contar la del Castillo, la mayor de Pamplona. La cruzan de, norte a sur, la calle Nueva y su paralela, que lleva dos nombres distintos, Ansoleaga, que arranca de uno de los muros de San Cernin, y San Francisco, que desemboca en la calle Mayor y en un tapial de la iglesia de San Lorenzo, donde la capilla del santo Fermín de Amiens, copatrón de la ciudad.

El viejo encanto provinciano de la plaza del Castillo se ha ido perdiendo: las talas de los árboles, el hueco de salida de Carlos III, que rompe mucho la armonía del trapecio, las rotulaciones modernas, las entradas en los aparcamientos, el abuso del cemento en las dos últimas reformas, un banco bancario de aspecto ciclópeo. El ingrato papel de plaza mayor.

El espacio de San Francisco debe de ser un tercio de la plaza del Castillo, pero tiene unos cuantos bancos de madera más para sentarse a descansar, observar, leer y pensar. La placita más provinciana de Pamplona es la de San José, junto a la fachada de poniente de la Catedral, pero San Francisco tiene un encanto distinto. Será por los dos edificios que la flanquean por los lados estrechos del rectángulo: las Escuelas Municipales, una construcción de ladrillo y hormigón, creo que años 30, con ventanales franceses de marcos de madera azul, y el porte propio de los liceos laicos franceses,

En Pamplona el número de colegios de órdenes religiosas es brutal. No tanto en el Casco Viejo como en los dos Ensanches. Pero también. Las Municipales son una excepción en los dos sentidos: el edificio, infinitamente más abierto y luminoso que el que queráis -las franciscanas, las dominicas, las esclavas, los marianistas, los agustinos, etcetera-etcétera...- y su sentido.

Enfrente de las Escuelas, un edificio de viviendas de cuatro o cinco alturas, fachada de ladrillo, mansardas de pizarra, esquinas curvas, balcones corridos y sede en la planta baja de la Biblioteca Provincial, que es muy completa. Cierra en sanfermines. Las Escuelas, no, sino que se utilizan de consigna de equipajes para los cientos de visitantes. Hay, también, duchas. La cita es irrenunciable.

En la plaza hay un pequeño parque infantil, una fuente cuyo caño esta camuflado en una cabeza de león imitada de las de los viejos buzones. Esta mañana pasó una comitiva de músicos vascos, o de melodías vasas interpretada solo con acordeones, panderetas y un bombo. La pandereta es una pieza clave de la percusión en la música vasca. Hay que saber tocarla. Dos hileras de frondosos prunos marcan otras tantas líneas del eje de la plaza. Cerca de San Francisco hay dos placitas casi confluyentes. La de los Comptos, en un rincón de la calle Ansoleaga, y la del Concejo, muy señorial, cuadrada, con una fuente de cuatro caños y un plato común. Todos los edificios de los lados mayores de San Francisco son de la época en que se diseñó el espacio. La estatua de San Francisco con el lobo a sus pies y acariciado, sobre pedestal francés, es más moderna. La tipología de las viviendas -sus colores, sus aleros, ventanas y balcones, sus puertas y anchos sobre alturas idénticas- es muy sugestiva. Solo el edificio número 14 de la plaza, o tal vez de la calle Ansoleaga -he preferido no preguntar-es como un cantazo a la vista. No es mala construcción -estilo escandinavo años 60- , sí una agresión estética. .

Han traído a los toros vino de Ausejo, riojano de cosecha, un ribera crianza, mantecadas de Tafalla, guindillas de Calahorra para freir o en crudo, cava catalán y bocadillos de lo de siempre: ajorriero, ajorriero, ajorriero y uno de jamón. En una comida de viejos amigos se han contado maravillas de los paisajes de Bolivia, del desierto de sal, de los volcanes y las selvas. También de los valles de la Colombia andina y de valles profundos, interminables. Y yo que pensaba darme un paseito verbal por los valles de Navarra: desde Belagua hasta el Baztán. Navarra es como Suiza. Falta una salida al mar. ¿Y en eso solo se parecen? El queso de bola y el del Roncal no tienen nada que ver. En las calles de Zurich es tal la limpieza que sobran los barrenderos. Y pensar que Zurich fue hace ciento y poco años la ciudad refugio de la izquierda radical y disidente de la Europa imperial. Donde Lenin se pasó cinco años diseñando la revolución bolchevique.

La banda de Aranguren en la plaza de la Cruz. El bis, el Vals de Astraín. Ayer, la Harmonie Bayonaise con un repertorio muy refinado y otro popular. Dos gaiteros vasco franceses extraordinarios, que tocan con la banda. Se te saltan las lágrimas y los botones de la camisa. Y ya.”

RESEÑA DE LA CORRIDA
Pamplona. Lunes 10 de julio. 6ª de feria. El Fandi, brillante como rehiletero, puso a la gente de pie al correr por delante a un quinto toro de gran trapío y muchos pies. El toro de la corrida para Escribano, que no remata con la espada una faena de interés. Muy desdibujado Padilla.
Seis toros de Fuente Ymbro (Ricardo Gallardo). Sobrero un primero bis.
Padilla, silencio en los dos. El Fandi, silencio y saludos tras un aviso. Manuel Escribano, saludos tras un aviso y silencio.

Dos puyazos perfectos de José Manuel González al quinto.

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